Letras de molde desde San Telmo

May 24, 2008

Cuentos en San Telmo

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Algunos de mis cuentos publicados en revistas electrónicas están ambientados en San Telmo

En Ficticia

El molino

Bombonería Circe

En Letralia

El ángel de la guarda

En Xicöatl
La sinfonía 42, premiada y traducida al alemán como Die 42. Symphonie,   

En Parole con
Las campanillas de plata

May 22, 2008

San Telmo fashion

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Perú y Carlos Calvo. Café "sofisticado"; actualmente surgen como hongos en San Telmo. Un joven, entre los veinte y los veinticinco años, con aspecto de vivir en la parte norte -la más adinerada- de la ciudad, escribe en un cuaderno. Espío a través de la vidriera; parece un poema, seguramente sin rima ni metro. En quince o veinte minutos, nuestro poeta habrá concluido su trabajo; luego lo enseñará a sus amistades, y probablemente lo enviará en sus chats y lo agregará a su blog, con la aclaración de que lo escribió en un café de San Telmo; cosa que, a su entender, le agrega valor a esa creación.
 
Hay un auge del turismo en el país, activado por el peso devaluado que atrae a muchos extranjeros, pero también vienen "turistas" de otros barrios de la ciudad, con cámaras fotográficas y todo. Hace unos meses, agobiado por el intenso calor, me había detenido a recuperar el resuello en la esquina de San Juan y Defensa cuando dos chicas me pidieron permiso para fotografiarme. Accedí, me tomaron varias fotos y luego les pregunté de dónde procedían. Para mi sorpresa, me contestaron que del barrio de Palermo. Supongo que luego habrán mostrado mi imagen a sus amistades, explicando que habían conocido a un auténtico espécimen de San Telmo.
 
También, como queda dicho, hay una masiva llegada de turistas del extranjero. No sé cuál es la razón por la que los arrean al barrio; no hay mucho para ver. Quedan muy pocas construcciones de la época colonial; abundan, en cambio, las casas construidas por albañiles italianos entre 1870 y 1910, más o menos. Para alguien del viejo mundo, no parece que justifique un viaje a otro continente.
 
De todos modos, los negocios funcionan. Continuamente se abren nuevos hosteles, galerías de arte, tiendas de ropa femenina cara, cuero, sucursales de Havanna, Freddo, cervecerías, locales bailables, restaurantes con comidas exóticas, vinerías, queserías, anticuarios… todo un emporio comercial destinado al transeúnte que viene, toma fotos y se va. Una ausencia notable, en todo este comercio floreciente, son las librerías. A San Telmo se va en busca de diversión, a comer y beber, a comprar carteras de cuero fino; no a comprar libros. Como mucho, se va a componer un poema o una prosa en quince minutos, como nuestro poeta del principio. Para ser ecuánimes, debemos reconocer que el habitante del barrio tampoco es un gran lector.
 
Algo que me llama la atención es que en San Telmo hay un cierto número de residentes originarios del primer mundo. A diferencia de los que vienen por unos días y luego prosiguen su viaje o retornan a su país de origen, éstos se quedan, al menos por un tiempo bastante prolongado. Tal vez se trate de intelectuales; por ejemplo, escritores que necesitan dedicarse exclusivamente un año a escribir una novela o lo que sea, o estudiantes que preparan una tesis, y encuentran que la vida en Buenos Aires es mucho más barata que en su país.
 
En cambio, muchos de los que antes vivían en el barrio, se tienen que ir, sea por el encarecimiento de los alquileres o por la fuerza pública; es el caso de las casas tomadas, que una tras otra son desalojadas por orden judicial.

May 19, 2008

Letralia cumple 12 años

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Con motivo de cumplirse doce años desde su primer número, la revista electrónica Letralia  ha editado un libro electrónico en formato PDF, que se puede bajar . El título de la obra es *Literatura y bits desde la Tierra de Letras*. El libro está constituido por una serie de artículos redactados por escritores que contribuyen en la revista. El contenido de los artículos se refiere a la nueva literatura en línea; bitácoras, revistas electrónicas, ebooks… Yo mismo envié un artículo, "Ayer y hoy de las revistas literarias", que forma parte del libro, y asimismo puede bajarse en formato HTML en http://www.letralia.com/ed_let/12/13.htm Por cierto, no es poco mérito el de Jorge Gómez Jiménez, el editor de Letralia, el haber mantenido desde 1996 una revista literaria, que, además, es de excelente calidad; por supuesto, sin ninguna clase de apoyo oficial.

May 15, 2008

San Telmo, apenas ayer

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San Telmo se ha vuelto decididamente un barrio de moda. Años atrás, era una zona intermedia entre el medio pelo de los barrios ricos del norte de Buenos Aires y la miseria de las zonas menos afortunadas de la ciudad. Su población, a grandes rasgos, estaba compuesta por a) la gente que habitaba pensiones y b) los que alquilaban o poseían un apartamento o una casa.

En general (sin contar alguno que otro estudiante de provincias), los del grupo a) eran -como cabe imaginar- gente de trabajo, de condición modesta, pero personas pacíficas; lo que se dice, pobres pero honrados. Uno podía transitar por el barrio a cualquier hora sin peligro.

Los del grupo b) elegían vivir en San Telmo por su proximidad al centro de la ciudad y la relativa baratura del barrio. Dentro de este grupo, había una minoría muy reducida de personas adineradas que compraban un inmueble y lo refaccionaban sin escatimar gastos. Seguramente había cierto romanticismo en esa decisión; en todo tiempo, San Telmo gozó de una aureola de barrio intelectual. También es posible que esas personas quisieran alejarse un poco del ambiente de la zona norte.

Con el tiempo, el barrio fue reflejando los cambios económicos y sociales que sufría todo el país. Se multiplicaron las "casas tomadas", donde, mezclados entre gente humilde que había quedado sumergida en la pobreza, encontraban refugio muchos delincuentes. San Telmo ya no era un lugar para pasear tranquilamente por la noche.

Con todo, a partir de la feria de la plaza Dorrego, se multiplicaron las tiendas de antigüedades, que ayudaron a darle una fisonomía particular al barrio.

A partir del año 2002, San Telmo ha empezado una transformación que quienes lo han conocido antes perciben claramente. Otro día hablaremos un poco del nuevo San Telmo.

May 13, 2008

¿Dónde empieza y dónde acaba San Telmo?

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¿Dónde empieza y dónde acaba San Telmo?

Sus límites están fijados oficialmente: Chile, Piedras, Caseros, Defensa, Martín García, Huergo. Es un barrio más bien pequeño. Me refiero al barrio real, pues existe un San Telmo extendido, fruto de la imaginación o de la ignorancia, mucho mayor.

Posiblemente, las inmobiliarias han contribuido no poco en la confusión reinante. Con seguridad, convenía más anunciar una propiedad como sita en San Telmo que en Constitución, barrio asociado con la zona roja de la ciudad. Barracas estuvo asociada, a su vez, con la imagen de grandes hangares, camiones, zonas anegadizas. El comprador en ciernes de un apartamento no quisiera tener su hogar en una calle donde se ejerce la prostitución día y noche; ni tampoco al lado de un gran galpón y en una calle por la que pasan incesantemente grandes y ruidosos camiones; era mejor poner en el anuncio que la propiedad estaba en San Telmo.

Lo extraño es que muchos comercios, restaurantes y cafés de Montserrat, y también vecinos, pregonan su pertenencia a San Telmo. Cosa rara, considerando que aquél es un barrio tan cargado de historia como este último, si no más.

La confusión viene de larga data, pero se ha hecho mayor a partir del auge de San Telmo como zona turística. Tradicionalmente, el barrio tenía una aureola de ambiente literario o artístico (no sé hasta qué punto merecida), pero durante muchos años eso no hacía que la gente migrara masivamente a él, y los precios de los inmuebles no eran los de los barrios ricos de Buenos Aires.

A partir de 2002 las cosas han cambiado. Durante una década, el peso argentino estaba considerablemente sobrevaludado -un peso valía igual que un dólar estadounidense-, y se veían escasos turistas por San Telmo. Hacia fines de la década y hasta 2002, por doquier había carteles que decían “Se vende”. El peso fue devaluado, y ahora ronda los $ 3,30 cada dólar. Para mucha gente de otros países, fue la señal para que empezaran a visitar el país.

Ante el auge turístico, se abrieron muchos comercios nuevos, hosteles para jóvenes, etc. Todos ellos pregonaban que se encontraban en San Telmo. Hasta un edificio que fue remodelado, sito en la acera sur de la avenida Caseros (y, por lo tanto, en el barrio de Barracas) lo rebautizaron como “Altos de San Telmo”.

Mucha gente que vive en barrios cercanos afirma residir en San Telmo. Una notable excepción son los habitantes de La Boca; vaya uno a saber si es por amor a su barrio o porque están mejor informados.

May 12, 2008

Cómo publicar en Internet

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Muchos escritores, ante lo problemático que es el acceso a las editoriales tradicionales, están descubriendo las extraordinarias posibilidades que ofrece Internet.

Existen muchas revistas literarias que, en vez de tentar la difícil aventura económica de la edición en papel, han optado por hacerlo en forma electrónica. Esta forma no las hace mejores ni peores que las otras; sencillamente es otra forma.

Veamos lo que hay que hacer si uno quiere ver publicada su prosa o su poesía en Internet.

1. Ante todo, tenemos que proponer el material a una revista literaria electrónica. Hay muchas, y, como es fácil imaginar, tienen diferentes idiosincrasias y calidades. Inevitablemente, el autor en ciernes debe tomarse el trabajo de buscar la que puede resultarle adecuada. Esto significa que tenemos que explorar un poco la revista en cuestión; el autor de cuentos policiales en vano propondrá su material a una revista que se dedica a la ciencia ficción, o que publica solamente poesía. Además, está la cuestión de la calidad. Aquí nuestro autor tiene una alternativa:

a) Una revista poco o nada selectiva respecto del material que se le envía. Algunas directamente muestran en su sitio de Internet una "ventana" donde el autor "pega" el texto y voilà! el relato queda publicado inmediatamente. Si uno quiere, más que nada, ver su nombre y apellido en la pantalla, para mostrar a amigos, familiares y otros allegados, es el camino más fácil… aunque en otro aspecto no es el más recomendable. Con toda seguridad, no se va a encontrar en buena compañía. Al no haber nadie que filtre los contenidos, esa revista probablemente estará plagada de relatos muy mal escritos, con mala ortografía, y abundantes narraciones pornográficas escritas descuidadamente… En fin, un territorio que alguien con pretensiones de escribir bien no querrá transitar.

b) Una revista literaria electrónica seria. El inconveniente de esta opción es que la persona o las personas que seleccionan el material que se publicará tal vez no acepten el escrito enviado. Ello puede explicarse porque realmente la calidad de nuestro cuento o poema no es la que requiere la revista, aunque también puede ocurrir que el tema no interese personalmente a la persona que hace la selección. De todos modos, aunque sea más problemático publicar en una revista exigente en cuanto a la calidad, vale la pena intentarlo si uno se quiere encontrar en la buena compañía de escritores serios, cuidadosos, que escriben a conciencia y revisan y corrigen sus trabajos antes de darlos a conocer.

2. Elegida la revista, debemos buscar algún enlace o menú que diga algo así como "Cómo publicar" o cosa parecida. Allí estarán explicados el formato del archivo que hay que mandar, la extensión aceptable del texto, y otras cosas.

3. Finalmente, lo obvio: es necesario revisar cuidadosamente nuestro escrito antes de enviarlo; debemos entregar un trabajo presentable, sin errores ortográficos. Si no cuidamos la buena presencia, las probabilidades de que nuestro escrito sea aceptado disminuyen considerablemente.

May 11, 2008

Peligros de Internet

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Un artículo que publiqué en la revista Letralia www.letralia.com, La crítica literaria e Internet fue plagiado por un sitio de cuyo nombre no quiero acordarme. Los plagiarios quitaron el nombre del autor, o sea el mío, y lo reemplazaron por el pseudónimo de una colaboradora del sitio. Finalmente, tras las insistentes reclamaciones que efectuamos el editor de Letralia, Jorge Gómez Jiménez, y yo, quitaron el artículo en cuestión y todos los demás que habían plagiado a Letralia.
 
Con motivo del episodio, publiqué en varios foros de escritores lo que transcribo seguidamente.

   

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Ayer, piratas en el mar; hoy, piratas en la red
   
Desde que el hombre comenzó a navegar, tuvo que hacer frente a muchos riesgos: tempestades, vientos contrarios, escorbuto, escollos y piratas. En nuestros días, Internet es como un océano donde también acechan serios peligros: virus, spyware, spam, phishing… y piratas. Los filibusteros de antaño llevaban diez cañones por banda; los contemporáneos copian y pegan a toda vela.  
   
Cualquiera que haya publicado algo en Internet se ve expuesto a que su trabajo sea plagiado. Hace no tanto, cuando publicar era sinónimo de imprimir, el plagio era engorroso; había que tipear el texto ajeno, ponerle la firma de uno, entregarlo a una imprenta o editorial… todo ello, caro y trabajoso. Las tecnologías actuales permiten un plagio económico, cómodo y sencillo, y muchos amigos de lo ajeno aprovechan esa facilidad.
   
Por suerte, esas mismas tecnologías nos proporcionan medios para defendernos del plagio. Los navegantes de antaño debían otear el horizonte para avistar naves sospechosas; nosotros debemos escudriñar la red en busca de los plagiarios. No es difícil: seleccionamos una frase del texto publicado -elegimos una que no sea probable encontrar en muchos escritos-, y la copiamos entre comillas en la ventana de búsqueda de Yahoo, Google o cualquier otro buen buscador. Si no nos han pirateado, en los resultados de la búsqueda aparecerá únicamente nuestro escrito, publicado en el sitio correspondiente.
    
Si nuestro trabajo aparece en más de un sitio, a no ser que sea un falso positivo fácilmente reconocible, tenemos un problema; nos han plagiado. Tal vez se trate de uno de esos plagios “inocentes”, si cabe tal calificativo; hay quienes piensan que todo lo que encuentran en Internet lo pueden tomar libremente, como bienes mostrencos, y copian lo que les place. Afectan al sitio de donde lo copiaron, aunque respetan el nombre del autor. Suele ser un pecado por ignorancia (me ha ocurrido con un cuento, al que hace años calificaron de “extraordinario relato” -realmente, un juicio exagerado- los editores de una revista electrónica a los que les gustó una narración mía y la copiaron sin permiso. Tiempo después, la revista desapareció). También es posible que hayan suplantado nuestro nombre y se hayan atribuido la autoría del trabajo. Ahí sí que nos encontramos con el plagio puro y duro.
   
Medidas diplomáticas. Como primer paso, conviene que comuniquemos la situación al responsable del sitio donde nuestro trabajo está alojado legítimamente. Probablemente, se puedan convenir con él las medidas por tomar. Al mismo tiempo, podemos escribir un cortés mensaje al responsable del sitio donde apareció el plagio; tal vez ignore que algún colaborador ha infiltrado una obra plagiada. Si se trata de gente honorable, en poco tiempo eliminarán la página cuestionada y nos ofrecerán una explicación.
 
Si la diplomacia no da resultado… Tal vez los plagiarios no nos respondan; tendremos que arremangarnos y disponernos para la contienda. Estamos frente a auténticos piratas, y podemos considerarnos en guerra con ese sitio. En principio, sería tema de la justicia, pero dado lo costoso de un proceso (probablemente internacional), nos manejaremos con otros medios para morderles la cola a los plagiarios; pues, en la guerra, existe el derecho de represalia.
    
Otros autores. Conviene que revisemos otros escritos publicados en ese sitio. Seleccionamos una frase de algún texto del sitio, lo pegamos entre comillas en la ventana de nuestro buscador y vemos los resultados. Si se trata de un sitio pirata, casi seguro que, además de plagiar nuestro trabajo, han hecho lo mismo en perjuicio de otros autores y otros sitios. De ser así, tratemos de comunicarnos con ellos para informarles sobre lo sucedido.
   
Foros. Tras elegir los que resulten apropiados (por ejemplo, foros de escritores), mandamos a cada uno de ellos un “post” para denunciar lo ocurrido. Consignamos el título de nuestro trabajo, la fecha de publicación, el sitio donde lo hemos publicado y los enlaces correspondientes. Seguidamente, agregamos el nombre del sitio pirata, con su enlace, el nombre o apodo de la persona que nos plagia, la fecha de publicación y el enlace al trabajo plagiado.
    
Buscadores. Los buscadores de Internet penalizan a los plagiarios conocidos, sea postergándolos en el orden en que aparecen en las búsquedas, sea eliminándolos completamente de ellas. En el caso de Google, en el momento en que escribimos estas líneas recibirá nuestra denuncia en https://www.google.com/support/contact/?contact_type=Google_legal&hl=es
    
Los pasos que hemos indicado no dejarán de tener efecto; el responsable de nuestro sitio, con seguridad, hará lo suyo; los autores plagiados a quienes hayamos prevenido tampoco se quedarán quietos; quienes visiten los foros donde hayamos denunciado el delito podrán visitar, gracias a los enlaces que hemos incluido, nuestro trabajo y el plagiado, y sacar sus conclusiones; y los buscadores de Internet, tras comprobar la veracidad de nuestra denuncia, tomarán las medidas pertinentes.
Si el desenmascarado plagiario no se ha allanado a suprimir sus publicaciones robadas, peor para él; lo pagará con mala fama. Pues, cuando leemos un buen escrito, no nos acordamos de algún trabajo flojo del mismo autor; pero cuando leemos algo bueno firmado por un convicto de plagio, nos preguntamos a quién se lo habrá robado. Del plagio no se vuelve.
   
         http://ar.geocities.com/sanalpar/galeradas.htm
         http://www.escolios.blogdrive.com

May 10, 2008

Un monumento natural en peligro

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 He querido dejar para una nota aparte el peligro que corre el gomero de la plaza Dorrego.

Es un ejemplar estupendo, de unos doscientos años, lo que significa que lo plantaron cuando la Argentina todavía no existía. Cosa de diez años atrás, el gomero empezó a marchitarse. Un experto británico lo estudió y su dictamen fue que, como el árbol se encuentra rodeado de superficies impermeables, se estaba muriendo de sed. Le hicieron algunos tratamientos, podaron las ramas muertas, y a su alrededor reemplazaron el ensolado por otro, calado, que permite pasar el agua pluvial. Además, enrejaron su alrededor.

El tiempo ha pasado, el árbol se encuentra descuidado y nuevamente enfermo. No soy fitopatólogo, así que no puedo hacer un diagnóstico profesional, pero me da la impresión de que está atacado por hongos. Algunas ramas se ven muy deterioradas. Además de la injuria de la naturaleza, el gomero sufre las agresiones humanas. El enrejado tiene una puerta, que siempre está abierta, y los bares de la plaza aprovechan el espacio alrededor del árbol para emplearlo a modo de depósito de sillas, bases para sombrillas y otras cosas. También se juntan diversos desperdicios. A veces, el gomero es utilizado como soporte de cables para iluminación y sonido, lo que en una ocasión provocó un principio de incendio cuando filmaron una publicidad.

Esperemos que se haga algo antes de que sea tarde para preservar este monumento natural.

May 9, 2008

Ayer y hoy de la plaza Dorrego

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Con su escaso cuarto de manzana, la plaza Dorrego es uno de los sitios más característicos de Buenos Aires. Allí, en 1816, los ciudadanos de Buenos Aires juraron la independencia nacional. Cuando me mudé al barrio de San Telmo, años ha, era un lugar tranquilo, que los domingos se poblaba con la feria de antigüedades y durante los demás días era frecuentado por los vecinos.

  

Fue en la plaza Dorrego donde puede decirse que Nuri, mi hija, aprendió a caminar; o, mejor dicho, donde aprendió a andar con soltura. Cuando se encontraba en esa edad en que los niños ya caminan, pero se fatigan rápidamente, la llevaba en cochecito hasta la plaza y allí, en la parte que está sobre la cortada Aieta, la liberaba y la dejaba corretear. El lugar era como un patio de juego donde muchos vecinos de San Telmo llevaban a sus niños.

 

La plaza ha dejado de ser un espacio propicio para los chicos. Con el auge del turismo, se han establecido en la zona un sinnúmero de caros bares, restaurantes y otros establecimientos que han privatizado de hecho la plaza. Gran parte de ésta se encuentra ocupada por las mesas y sillas de los bares, que han convertido el espacio público en una especie de anexo de sus locales. Poco sitio queda para los vecinos. Los muretes que circundan en parte la plaza servían de asiento para los vecinos que acudían al lugar; actualmente esos muretes sirven de soporte para que los artesanos expongan sus mercancías.

 

Los pequeños grupos que van a la plaza a consumir cerveza o marihuana tampoco son un aliciente para que los padres lleven allí a sus niños.

 

May 8, 2008

Testigo de un arresto en San Telmo

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El tema del ex Patronato de la Infancia (conocido por muchos como Padelai) me hizo venir a la memoria un episodio policial.

Cierto sábado a la mañana, años ha, salí rumbo al Mercado de San Telmo (en aquellos tiempos se podía ir a ese mercado sin ser un magnate). Doblé la esquina de Balcarce con San Juan y vi que, cerca de la esquina de Balcarce con Humberto, I había algunos policías y unas personas vestidas de civil. Siempre hay custodia policial por la zona del ex Patronato, así que no me llamó mucho la atención.

A medida que avanzaba por Balcarce, tuve la impresión de que los policías me miraban. "Estoy un poquitín paranoico hoy", me dije. A continuación, me dio la sensación de que los policías hablaban de mí. "Será el estrés. Últimamente siento que me persiguen", continué diciéndome a mí mismo.

Pero, unos metros más adelante, uno de los policías se separó del grupo y cruzó la calle, dirigiéndose directa e inequívocamente hacia mí. El funcionario policial me saludó amablemente y me invitó a que actuara como testigo de la detención de un sujeto que había robado una bicicleta.

Se trataba de una ineludible carga pública, de modo que seguí al policía hasta el grupo mencionado, cuya figura principal era un hombre joven, esposado con las manos atrás. En el suelo había una bicicleta de reparto, negra, cuyas partes despintadas mostraban que en el pasado había sido dorada o algo parecido. La bicicleta era el corpus delicti, me explicaron. Había otro señor que también habían incorporado como testigo.

Una policía femenina, en cumplimiento de las normas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, le leyó al detenido las garantías a que tenía derecho. Todo muy bien, conforme a las normas de un estado democrático y respetuoso de las libertades civiles, pero hubo dos cosas que encontré inconvenientes:
1º - En el cine, la policía de Estados Unidos le comunica al detenido, escuetamente, que tiene derecho a permanecer en silencio, con la advertencia de que cualquier cosa que diga podría ser tomada en su contra; en cambio, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le lee al arrestado un extenso texto de dos carillas.
2º - La mujer policía pronunciaba su lectura de un modo difícil de entender, y en voz más bien baja. Lo único que yo captaba era un sonido fffff ffff y cada tanto alguna palabra inteligible, algo así como "fff fff ff ffff legales fff ffff fff ffffffffff fff constitucional ffff fff fffffff ff ffffffffff ffffffffff declarar fff fffffff abogado fffffffff teléfono fffffffff"…

Firmé el papel y pensé que el trámite estaba concluido (me habían dicho que eran cinco minutos), pero resulta que tuve que ir a la comisaría correspondiente (la 14ª), y ratificar ante un oficial lo declarado. En total, me perdí más de una hora, y tuve suerte, pues a otros les ha tocado pasar una tarde o una mañana en esa diligencia. Debo reconocer que la policía me trató con mucha amabilidad. En fin, no volvió a repetirse la situación en lo que a mí respecta. Me pregunto el tiempo que requerirá una detención cuando se arresta a un número grande de personas. Otra cosa: Deberían entregar a los testigos una copia del acta firmada.

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