Testigo de un arresto en San Telmo
El tema del ex Patronato de la Infancia (conocido por muchos como Padelai) me hizo venir a la memoria un episodio policial.
Cierto sábado a la mañana, años ha, salí rumbo al Mercado de San Telmo (en aquellos tiempos se podía ir a ese mercado sin ser un magnate). Doblé la esquina de Balcarce con San Juan y vi que, cerca de la esquina de Balcarce con Humberto, I había algunos policías y unas personas vestidas de civil. Siempre hay custodia policial por la zona del ex Patronato, así que no me llamó mucho la atención.
A medida que avanzaba por Balcarce, tuve la impresión de que los policías me miraban. "Estoy un poquitín paranoico hoy", me dije. A continuación, me dio la sensación de que los policías hablaban de mí. "Será el estrés. Últimamente siento que me persiguen", continué diciéndome a mí mismo.
Pero, unos metros más adelante, uno de los policías se separó del grupo y cruzó la calle, dirigiéndose directa e inequívocamente hacia mí. El funcionario policial me saludó amablemente y me invitó a que actuara como testigo de la detención de un sujeto que había robado una bicicleta.
Se trataba de una ineludible carga pública, de modo que seguí al policía hasta el grupo mencionado, cuya figura principal era un hombre joven, esposado con las manos atrás. En el suelo había una bicicleta de reparto, negra, cuyas partes despintadas mostraban que en el pasado había sido dorada o algo parecido. La bicicleta era el corpus delicti, me explicaron. Había otro señor que también habían incorporado como testigo.
Una policía femenina, en cumplimiento de las normas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, le leyó al detenido las garantías a que tenía derecho. Todo muy bien, conforme a las normas de un estado democrático y respetuoso de las libertades civiles, pero hubo dos cosas que encontré inconvenientes:
1º - En el cine, la policía de Estados Unidos le comunica al detenido, escuetamente, que tiene derecho a permanecer en silencio, con la advertencia de que cualquier cosa que diga podría ser tomada en su contra; en cambio, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le lee al arrestado un extenso texto de dos carillas.
2º - La mujer policía pronunciaba su lectura de un modo difícil de entender, y en voz más bien baja. Lo único que yo captaba era un sonido fffff ffff y cada tanto alguna palabra inteligible, algo así como "fff fff ff ffff legales fff ffff fff ffffffffff fff constitucional ffff fff fffffff ff ffffffffff ffffffffff declarar fff fffffff abogado fffffffff teléfono fffffffff"…
Firmé el papel y pensé que el trámite estaba concluido (me habían dicho que eran cinco minutos), pero resulta que tuve que ir a la comisaría correspondiente (la 14ª), y ratificar ante un oficial lo declarado. En total, me perdí más de una hora, y tuve suerte, pues a otros les ha tocado pasar una tarde o una mañana en esa diligencia. Debo reconocer que la policía me trató con mucha amabilidad. En fin, no volvió a repetirse la situación en lo que a mí respecta. Me pregunto el tiempo que requerirá una detención cuando se arresta a un número grande de personas. Otra cosa: Deberían entregar a los testigos una copia del acta firmada.
