Ayer y hoy de la plaza Dorrego
Con su escaso cuarto de manzana, la plaza Dorrego es uno de los sitios más característicos de Buenos Aires. Allí, en 1816, los ciudadanos de Buenos Aires juraron la independencia nacional. Cuando me mudé al barrio de San Telmo, años ha, era un lugar tranquilo, que los domingos se poblaba con la feria de antigüedades y durante los demás días era frecuentado por los vecinos.
Fue en la plaza Dorrego donde puede decirse que Nuri, mi hija, aprendió a caminar; o, mejor dicho, donde aprendió a andar con soltura. Cuando se encontraba en esa edad en que los niños ya caminan, pero se fatigan rápidamente, la llevaba en cochecito hasta la plaza y allí, en la parte que está sobre la cortada Aieta, la liberaba y la dejaba corretear. El lugar era como un patio de juego donde muchos vecinos de San Telmo llevaban a sus niños.
La plaza ha dejado de ser un espacio propicio para los chicos. Con el auge del turismo, se han establecido en la zona un sinnúmero de caros bares, restaurantes y otros establecimientos que han privatizado de hecho la plaza. Gran parte de ésta se encuentra ocupada por las mesas y sillas de los bares, que han convertido el espacio público en una especie de anexo de sus locales. Poco sitio queda para los vecinos. Los muretes que circundan en parte la plaza servían de asiento para los vecinos que acudían al lugar; actualmente esos muretes sirven de soporte para que los artesanos expongan sus mercancías.
Los pequeños grupos que van a la plaza a consumir cerveza o marihuana tampoco son un aliciente para que los padres lleven allí a sus niños.
