Ayer y hoy del Mercado de San Telmo
Bolívar, Carlos Calvo, Defensa y una parte por Estados Unidos; cuatro calles enmarcan el Mercado de San Telmo, inaugurado en 1897, según reza en el frente del edificio en la esquina de Carlos Calvo y Bolívar.
De arquitectura nada presuntuosa, aunque por dentro ostenta esas fiorituras de hierro que en el siglo XIX ornamentaban hasta las construcciones más utilitarias, durante más de un siglo sirvió para que generaciones de vecinos de San Telmo y sus alrededores acudiesen a comprar alimentos y otras mercancías.
Los turistas del Hemisferio Norte, que antes eran mucho menos numerosos que hoy día, lo visitaban y se los veía sorprendidos de encontrar un ámbito que para ellos debía ser propio de tiempos pretéritos. Con sorpresa, fotografiaban los cajones de frutas y verduras de un puesto, o filmaban en otro a los carniceros que hacían los cortes según las precisas indicaciones de la clientela. En él se alojaban un gran número de puestos; incontables (bueno, no tanto como incontables, pera había muchas, y yo nunca las conté) verdulerías, carnicerías, una o dos pescaderías, cerrajerías, panaderías, etcétera.
La crisis 2001-2002 llegó como un vendaval que casi arrasó el Mercado de San Telmo. La mayor parte de los puestos cerraron, y el mercado nunca se recuperó por completo de la catástrofe. Hay partes que han quedado vacías; si uno entra en el mercado en los días laborables, la sensación es desoladora. Los fines de semana, el aspecto del mercado es distinto; los sitios vacíos se pueblan con puestos tipo "mercado de las pulgas", o de antigüedades (no demasiado antiguas). Quedan puestos de comestibles, pero ahora los precios se han acomodado a una clientela distinta; hay una población flotante de extranjeros con buen poder adquisitivo que residen por algún tiempo en Buenos Aires, y pueden pagar precios más altos que el empobrecido poblador tradicional del barrio.
También subsisten los dos bares-restaurante que están sobre la calle Bolívar; la afluencia de turistas los ha beneficiado considerablemente. Son unos locales de aspecto decimonónico. Uno de ellos, el que está más a mitad de cuadra, tiene unos techos altísimos. Seguramente, no tardarán en "mejorarlos", para que adquieran un kitsch pseudofolk, con viejas radios de lámparas, que ya no funcionan, fotos de Gardel, anuncios del 1900, algún fonógrafo -tan mudo como la radio- alguna muestra de fileteado porteño… Tarde o temprano, el Mercado de San Telmo se convertirá en un "shopping" visto como van las cosas. Eso, suponiendo que no decidan venderlo a particulares.
