Letras de molde desde San Telmo

July 26, 2008

Respuesta a una escritora nueva

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Una joven mexicana, pero residente en los Estados Unidos, leyó mi cuento "El molino", http://www.ficticia.com/cuentos/jplanaselmolino.html publicado en Ficticia www.ficticia.com y me mandó un extenso correo en el que me cuenta que la narración le gustó mucho.

También me dice que ella tiene ganas de escribir. Me explica que más de una vez se ha sentado ante el teclado, pero que le falla la inspiración. "La musa no  me quiere", se queja poéticamente.

Transcribo algunas partes de mi respuesta.

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La inspiración, estimada Inés, en general nos dice poca cosa. Uno se forja la imagen de la musa inspiradora como una bella diosa, vestida por tenues gasas, que le va dictando al escritor al oído.

En la práctica, la musa se limita a dar una escueta idea, en términos más bien vagos y generales, acerca de un tema, una escena, un personaje… Si uno le pide más pormenores, la musa contesta "Eso corre por tu cuenta".  
Quien pinta una pared o cava un pozo, empieza a pintar o a cavar, y luego sigue y sigue hasta terminar su tarea; el escritor, en cambio, pasa la mayor parte de su tiempo  pensando, mientras mira una pantalla o una hoja de papel. Las ideas no vienen mágicamente, sino que uno tiene que tomarse el trabajo de idear.

Estimada Inés, escribir no es una ocupación para impacientes. Te recomiendo que leas mucho y que escribas mucho; sobre todo, que revises y corrijas lo escrito. Ten en cuenta que componer un buen cuento o un poema no es cosa de sentarse media hora ante un teclado para después decirse "Bueno, ya lo hice".

Erskin Caldwell, el autor de Camino del tabaco, escribió en Call it experience (algo así como "Llámenlo experiencia") que el escritor necesita pasar por una etapa de aprendizaje; dice así (traduzco libremente): "[…] abogados, panaderos, peluqueros, mecánicos, ingenieros e impresores deben aprender por experiencia. ¿Por qué no habrían de hacerlo los escritores?"

July 9, 2008

Hoy y mañana del Parque Lezama

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Hoy y mañana del Parque Lezama

Sitio característico de San Telmo, que ocupa un lugar en la literatura argentina -Sabato, Baldomero Fernández Moreno-, el parque está bastante descuidado. Hace unos años, con apoyo particular, repararon el césped e hicieron otras mejoras. Actualmente, el césped ha desaparecido en su mayor parte, la limpieza deja mucho que desear y se va deteriorando.

Si el gobierno de la ciudad tiene tanto interés como dice en el turismo, que aporta excelentes dineros, debería ocuparse de embellecer y cuidar el parque.

En fotografías de principios del siglo XX, podían verse las verjas que protegían el lugar. El enrejado fue suprimido y actualmente pueden entrar libremente personas, perros y bicicletas.

Puede ser que las rejas no nos resulten simpáticas, pero  creo que son necesarias para controlar que no entren animales ni vehículos; también contribuirían a la seguridad del parque.

El propósito normal de un parque es que los niños jueguen, los vecinos o los extranjeros que visitan el país encuentren un espacio verde, sereno, donde reposar o pasear, leer o disfrutar de encontrarse sin encierro.

Tal propósito se ve desvirtuado por lo ruidoso que es el parque. Frecuentemente es utilizado para "eventos" culturales (por lo general, rock, con potente audio), en los que abunda la cerveza. Y cuando no hay alguno de esos "eventos", de todos modos hay solistas o grupos de música; con tanto barullo, el paseo sosegado, la lectura apacible o la meditación son imposibles.

Otra plaga del Parque Lezama son los perros. A mí me gustan los perros, he tenido varios y los quise mucho, pero no está bien que hagan sus necesidades en el lugar donde van los niños. En todo caso, debería habilitarse una zona del parque para el amigo del hombre.

También sería necesario que hubiese guardianes. En tiempos pretéritos, las plazas tenían personal que vigilaba que nadie dañara los espacios verdes.

Una medida que se tomó hace un tiempo fue concentrar a la gente que vendía ropa vieja y otros artículos usados en una parte del parque, la que da sobre Martín García. Antes estaban dispersos por doquier, echaban sus mercancías en exhibición sobre el césped, a la vera de los senderos, o sobre los bancos. El gobierno de la ciudad los hizo establecer en unos tenderetes azules sobre un sector del parque. Al menos, ya no dan un aspecto de mercado persa.

También debería atenderse la erosión pluvial, que paulatinamente va nivelando la hermosa barranca sobre Paseo Colón. Si se cuidaran el césped y toda la vegetación, seguramente se arreglaría el problema.

Aunque más costoso, sería bueno que mejoraran los caminos. Actualmente son de un producto bituminoso, muy feo. También sería recomendable reparar las estatuas; en particular, la Loba Romana, a la que le robaron los mellizos Rómulo y Remo, sin duda para venderlos a tanto el kilo de bronce. Un crimen contra la cultura.

El Parque Lezama es un lugar histórico. Algunos creen que fue el sitio donde Pedro de Mendoza fundó la primitiva Buenos Aires. En ese lugar funcionó un punto de concentración de los esclavos traídos de África para venderlos. Era un lugar de elección para los duelos que la burguesía solía realizar en el siglo XIX. Algunas historias hablan de fantasmas en el parque.

Frente al Parque Lezama, sobre la calle Brasil, se levanta la para nosotros llamativa y exótica Iglesia Ortodoxa Rusa; una arquitectura diferente. Y donde estuvo antes la mansión de la familia Lezama funciona actualmente el Museo Histórico Nacional.

Un cuento mío, publicado en Ficticia, da comienzo en el Parque Lezama: "Bombonería Circe",
http://www.ficticia.com/cuentos/jplanasbomboneria.html

July 5, 2008

¿Solución para el Padelai?

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Hace poco escribí algo acerca del antiguo Patronato de la Infancia, llamado frecuentemente Padelai. Estos días, justamente, se publicó la noticia de que la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) tiene el propósito de repararlo y acondicionarlo para que sea la sede de un Centro Cultural de España. El gobierno español firmó un acuerdo con la ciudad de Buenos Aires a tal efecto. La ciudad cedería el inmueble a la AECID durante treinta años, a cambio de la restauración, y además habría en el Centro un espacio de 400 metros cuadrados para un "Centro de Interpretación del Casco Histórico" (veremos lo que será eso).

 

El costo estimado de las obras, dicen los medios, sería de 5 millones de euros (bastante dinero, por cierto). Subsiste la dificultad de que hay un proceso judicial. Los antiguos ocupantes del edificio formaban una cooperativa que los hacía titulares del inmueble; como la cooperativa en la práctica no funcionó y no cumplieron ciertos compromisos, la ciudad logró que los desalojaran. Lo cierto es que el proyecto, para llevarse a cabo, requiere que se solucione el contencioso.

 

Si por fin se puede hacer ese Centro, sería una gran cosa para el barrio de San Telmo. Por un lado, se eliminaría un lugar infecto, abandonado, fuente de contaminación para sus vecinos, que tienen que sufrir periódicamente invasiones de ratas, cucarachas, hormigas y otras plagas. Además, si se llegara a suprimir la vigilancia policial permanente que impide que nadie ocupe el edificio, se podría repetir la situación anterior, cuando, junto a gente humilde, pero respetable, se infiltraban delincuentes que habían convertido el viejo Padelai en un refugio para el hampa. En aquellos tiempos, la presencia del Padelai había dañado la zona; los inmuebles estaban desvalorizados (nadie tenía ganas de habitar una zona peligrosa), se robaban los aparatos de audio de los autos estacionados, había asaltos a mano armada y arrebatos.

 

La ubicación del viejo Patronato, y por ende del centro cultural que quieren establecer, es óptima. Se encuentra, por Humberto I, a cincuenta metros del Museo Penitenciario (un lugar tal vez mejor conocido por los turistas extranjeros que por los habitantes de Buenos Aires, donde se puede visitar una capilla jesuítica del siglo XVIII). Por la misma calle, a cien metros, está la Plaza Dorrego, polo del turismo en San Telmo. Por la avenida San Juan, está a menos de cincuenta metros del Museo de Arte Moderno, que actualmente están refaccionando, y a una cuadra del Museo del Cine, que también será reparado. Para los vecinos del Padelai, son noticias excelentes. El barrio de San Telmo se enriquecerá culturalmente, y los inmuebles se revalorizarán. Cosas de la rueda de la fortuna.

 

¿Será el nuevo Centro, junto con los museos refaccionados, un punto de partida para un San Telmo diferente? Por cierto, el rumbo que ha venido tomando desde la devaluación del peso no me gusta; muchas tiendas de carteras para señoras, modas, vinerías; tonterías burguesas, a costa de desnaturalizar la idiosincrasia del barrio. Acaso se encamine el barrio por la senda de la cultura, los escritores, los pintores, el teatro… Tal vez, una nueva bohemia intelectual, como la que antaño ilustró San Telmo.

 

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Jorge Gómez Jiménez, el editor de la revista literaria Letralia, www.letralia.com, me escribió hoy para informarme que mi cuento "EL llavero", que le envié esta semana, será publicado en la próxima edición de la revista. No pensé que aparecería tan pronto.

 

"El llavero" transcurre precisamente en San Telmo, exactamente en la Plaza Dorrego, a una cuadra del viejo Padelai. La vida de un viejo gráfico que, habiendo trabajado toda su vida, pierde la familia, la casa, termina sin trabajo ni techo, en la calle. Lo único que le queda de su vida anterior es un llavero, que conserva aunque las llaves ya no tienen cerraduras para abrir.

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