¿Solución para el Padelai?
Hace poco escribí algo acerca del antiguo Patronato de la Infancia, llamado frecuentemente Padelai. Estos días, justamente, se publicó la noticia de que la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) tiene el propósito de repararlo y acondicionarlo para que sea la sede de un Centro Cultural de España. El gobierno español firmó un acuerdo con la ciudad de Buenos Aires a tal efecto. La ciudad cedería el inmueble a la AECID durante treinta años, a cambio de la restauración, y además habría en el Centro un espacio de 400 metros cuadrados para un "Centro de Interpretación del Casco Histórico" (veremos lo que será eso).
El costo estimado de las obras, dicen los medios, sería de 5 millones de euros (bastante dinero, por cierto). Subsiste la dificultad de que hay un proceso judicial. Los antiguos ocupantes del edificio formaban una cooperativa que los hacía titulares del inmueble; como la cooperativa en la práctica no funcionó y no cumplieron ciertos compromisos, la ciudad logró que los desalojaran. Lo cierto es que el proyecto, para llevarse a cabo, requiere que se solucione el contencioso.
Si por fin se puede hacer ese Centro, sería una gran cosa para el barrio de San Telmo. Por un lado, se eliminaría un lugar infecto, abandonado, fuente de contaminación para sus vecinos, que tienen que sufrir periódicamente invasiones de ratas, cucarachas, hormigas y otras plagas. Además, si se llegara a suprimir la vigilancia policial permanente que impide que nadie ocupe el edificio, se podría repetir la situación anterior, cuando, junto a gente humilde, pero respetable, se infiltraban delincuentes que habían convertido el viejo Padelai en un refugio para el hampa. En aquellos tiempos, la presencia del Padelai había dañado la zona; los inmuebles estaban desvalorizados (nadie tenía ganas de habitar una zona peligrosa), se robaban los aparatos de audio de los autos estacionados, había asaltos a mano armada y arrebatos.
La ubicación del viejo Patronato, y por ende del centro cultural que quieren establecer, es óptima. Se encuentra, por Humberto I, a cincuenta metros del Museo Penitenciario (un lugar tal vez mejor conocido por los turistas extranjeros que por los habitantes de Buenos Aires, donde se puede visitar una capilla jesuítica del siglo XVIII). Por la misma calle, a cien metros, está la Plaza Dorrego, polo del turismo en San Telmo. Por la avenida San Juan, está a menos de cincuenta metros del Museo de Arte Moderno, que actualmente están refaccionando, y a una cuadra del Museo del Cine, que también será reparado. Para los vecinos del Padelai, son noticias excelentes. El barrio de San Telmo se enriquecerá culturalmente, y los inmuebles se revalorizarán. Cosas de la rueda de la fortuna.
¿Será el nuevo Centro, junto con los museos refaccionados, un punto de partida para un San Telmo diferente? Por cierto, el rumbo que ha venido tomando desde la devaluación del peso no me gusta; muchas tiendas de carteras para señoras, modas, vinerías; tonterías burguesas, a costa de desnaturalizar la idiosincrasia del barrio. Acaso se encamine el barrio por la senda de la cultura, los escritores, los pintores, el teatro… Tal vez, una nueva bohemia intelectual, como la que antaño ilustró San Telmo.
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Jorge Gómez Jiménez, el editor de la revista literaria Letralia, www.letralia.com, me escribió hoy para informarme que mi cuento "EL llavero", que le envié esta semana, será publicado en la próxima edición de la revista. No pensé que aparecería tan pronto.
"El llavero" transcurre precisamente en San Telmo, exactamente en la Plaza Dorrego, a una cuadra del viejo Padelai. La vida de un viejo gráfico que, habiendo trabajado toda su vida, pierde la familia, la casa, termina sin trabajo ni techo, en la calle. Lo único que le queda de su vida anterior es un llavero, que conserva aunque las llaves ya no tienen cerraduras para abrir.
